#LaValentiaSeLlamaElena | Amenazada de muerte la periodista rusa Elena Milashina por informar del coronavirus en Chechenia

20.05.2020 13:07

 

La Sección Española de Reporteros Sin Fronteras (RSF) se une a Amnistía Internacional (AI) para reivindicar el coraje de la periodista de investigación rusa Elena Milashina, víctima de una feroz campaña de persecución por parte del presidente checheno, Ramzán Kadyrov, que figura en la lista de Depredadores de la Libertad de Prensa de RSF.

 

Al igual que AI, RSF urge a proteger a periodistas perseguidos y acosados, como es el caso de Elena Milashina, ya que la información libre e independiente es esencial para la democracia. Además de participar en la campaña en redes sociales #LaValentiaSeLlamaElena, abrimos nuestras páginas a la historia que Amnistía publica este 20 de mayo de 2020 y reproducimos en español el artículo de Milashina que ha reavivado la ira de Kadyrov: para evitar que sea silenciado, y sobre todo, por su innegable valor periodístico.

 

 

La valentía se llama Elena Milashina

 

Reportaje de Vega Alonso del Val para Amnistía Internacional

 

En tiempos de coronavirus hay gobiernos más preocupados por lo que se publica sobre su gestión que por salvar vidas. E incluso hay gobiernos que comparan a las personas infectadas con terroristas y amenazan de muerte al periodista que lo cuenta. Silenciar al mensajero es una antigua práctica que sigue utilizándose. Recientemente y de manera inconcebible por el mismísimo presidente checheno, Ramzan Kadyrov.

 

“Morir de coronavirus es un mal menor”. Bajo este título la periodista rusa Elena Milashina publicó el pasado mes de abril un artículo sobre cómo la población chechena había empezado a ocultar la enfermedad y a morir en su casa a raíz de que el presidente equipara a las personas infectadas con terroristas y pidiera que se tomaran medidas contra ellas. También detalló los problemas a los que se enfrentaban los sanitarios para controlar la pandemia y criticó los mensajes optimistas del gobierno. En el mismo artículo, Milashina recriminó que se siguieran practicando detenciones masivas pese al coronavirus y reprochó el mal ejemplo del presidente: “mientras la población intenta salir adelante con la ayuda humanitaria, Ramzan Kadyrov celebra fiestas con barbacoa fuera de su residencia en plena montaña”.

 

Amenazada de muerte

 

La respuesta del gobierno checheno no tardó en llegar. Tras la publicación del artículo, el presidente subió un vídeo a Instagram amenazando de muerte a la periodista y acusando al periódico y a sus trabajadores de ser “marionetas de Occidente”. No contento, pidió a la Presidencia y al Servicio Federal de Seguridad que “parasen a esos seres no humanos que escribían y provocaban al pueblo”. Kadyrov insinuó que, de no hacerlo, alguien de Chechenia tendría que cometer un crimen y explicó: “Si quieren que cometamos un delito y nos convirtamos en delincuentes, no tienen más que decírnoslo. Uno de nosotros cargará con esta responsabilidad y sufrirá el [correspondiente] castigo prescrito en la ley. Pasará un tiempo en la cárcel, pero [al final] quedará libre”.

 

Para sumar aún más estupor, el secretario de prensa de la Presidencia rusa dijo que estas amenazas no tenían “nada de extraordinario” y que eran una mera reacción “emocional” y “comprensible en semejante situación”, haciendo referencia a la pandemia de COVID-19. Y la Fiscalía General rusa ordenó que el artículo fuese retirado del sitio web afirmando que contenía “información falsa”.

 

En el punto de mira

 

La valentía de Elena viene de largo. Fue ella quien denunció hace tres años la persecución a personas homosexuales por parte de las autoridades chechenas. Recibió amenazas y sufrió actos de hostigamiento.

 

En 2012 fue agredida en un barrio periférico moscovita por tres desconocidos que le propinaron varias patadas y puñetazos en la cabeza. Ese mismo año, tres hombres fueron hallados responsables de dicha agresión, pero Milashina manifestó sus dudas sobre su implicación y expresó su preocupación por la falta de garantías en el juicio en el que dos de ellos fueron condenados.

 

En 2015 también recibió amenazas de muerte y fue comparada con una de sus compañeras en el periódico Novaya Gazeta, Anna Politkovskaya, asesinada en 2006. 

 

En febrero de este año fue atacada y golpeada por un grupo de personas en el vestíbulo de un hotel de Grozni, la capital chechena, junto a la abogada Marina Dubrovina. Hasta el momento, nadie ha sido considerado responsable de este ataque.

 

Elena Milashina ha estado viajando durante años por toda la región del Cáucaso Septentrional e informando sobre la violación de los derechos humanos en Chechenia. En 2019 recibió el título de Doctor Honoris Causa otorgado por la Universidad de Bruselas para conmemorar el Día Mundial de la Libertad de Prensa. En 2009 recibió el Premio Alison Des Forges de la organización Human Rights Watch por su Activismo Extraordinario.

 

Estos galardones no son más que un reflejo de su trabajo de investigación y de su periodismo comprometido con la realidad y, por ende, con los derechos humanos.

 

 

 

Morir de coronavirus es un mal menor

 

Por Elena Milashina, 12 de abril de 2020

 

Desde que las autoridades chechenas equipararon a quienes se infectan con COVID-19 con terroristas, las personas que viven en Chechenia ocultan su enfermedad y mueren en casa.

 

Ahmad Garayev, que residía en la población de Novye Atagi, distrito de Shali, Chechenia, murió el martes 7 de abril. El octogenario Garayev era una persona influyente en la Junta Directiva Espiritual de los Musulmanes (Muftiyat) de Chechenia, y había demostrado una lealtad sincera a las autoridades chechenas (de hecho, conocía bien al padre de Ramzan Kadyrov). A su funeral, celebrado en la mañana del miércoles 8 de abril, asistió un gran número de personas. La ceremonia fúnebre fue aprobada por las autoridades, extremo confirmado posteriormente por Magomed Daudov, jefe del Grupo de Trabajo sobre el Coronavirus, quien afirmó que “agentes [de la policía chechena] estuvieron presentes en el funeral y supervisaron [la ceremonia]. En el funeral se tomaron todas las medidas para impedir la propagación del virus”.

 

Ese mismo día, a última hora de la noche, se diagnosticó coronavirus a nueve miembros de la familia de Ahmad Garayev, entre ellos su esposa y su hermano Abdulla. Magomed Daudov afirmó que el difunto Ahmad Garayev “estuvo hospitalizado y murió de causas naturales”, pero esta información no es cierta. Según su familia, Ahmad Garayev había estado enfermo y había muerto en su casa. Es muy probable que muriera de COVID-19.

 

La familia Garayev se infectó el 18 de marzo tras estar en contacto con peregrinos que habían regresado de Arabia Saudí y habían llevado la enfermedad a Chechenia. Durante todo este tiempo, los miembros de la familia Garayev no acudieron a un hospital. Este hecho fue confirmado por Ramzan Kadyrov, máximo mandatario de Chechenia: “Abdulla Garayev [hermano de Ahmad Garayev – E. M.)] no informó a las autoridades cuando enfermó, y tampoco lo hizo su familia. Todos permanecieron en cama [en su domicilio] con fiebre”.

 

Una persona que asistió al funeral observó el estado de salud de Abdulla Garayev y sus hijos (los cuatro se sentían mal) y lo comunicó a las autoridades. En respuesta a esa información, se sometió a la familia Garayev a pruebas preliminares en su domicilio para detectar el coronavirus; sin embargo, se les negó la hospitalización.

 

Abdulla Garayev temía que sin ayuda médica pudiera terminar como su hermano Ahmad, así que se dirigió al hospital de distrito de Shali Central por sus propios medios. Sin embargo, lo interceptaron cuando se acercaba al hospital. El máximo mandatario de Chechenia lo reprendió públicamente por su “comportamiento irresponsable”: “[Abdulla Garayev] se subió al auto y se dirigió al hospital. Si hubiera entrado [en la instalación], quién sabe a cuántos trabajadores médicos podría haber infectado. Menos mal que nos enteramos y lo interceptamos”. Lo cierto es que en ese momento estaban cerradas por cuarentena todas las instalaciones médicas en varios distritos de Chechenia, incluidos los hospitales del distrito central, los centros médicos policlínicos e incluso los puestos feldsher que prestan atención primaria urgente. Por ejemplo, tras diagnosticarse el coronavirus a dos habitantes de la población de Beno-Yurt, todas las instalaciones médicas del distrito de Nadterechny fueron clausuradas el 1 de abril y se obligó al personal médico a tomarse permisos no retribuidos. El 10 de abril ocurrió lo mismo en los hospitales del distrito de Shelkovsky.

 

Esto indica que el personal médico local no está listo para prestar atención a pacientes con COVID-19. El suministro de mascarillas y trajes de protección a los hospitales, por no hablar de ventiladores y equipos de tomografía computerizada, deja mucho que desear. Sólo se ha remodelado un reducido número de hospitales de Grozni para atender a pacientes de COVID-19.

 

Sin embargo, incluso en esos centros, según el ministro de Salud de Chechenia, Suleimanov, el personal médico cose sus propias mascarillas y batas.

 

En cuanto a Abdulla Garayev, las autoridades comprendieron finalmente que podían tener en sus manos otra muerte por coronavirus. Entonces fue hospitalizado en el 4º Hospital para Enfermedades Infecciosas de Grozni, en estado grave que incluía hipoxia aguda.

 

Al día siguiente del funeral, la policía acordonó Novye Atagi. Se ordenó a la población local que permaneciera en sus casas y se llevó a cabo una desinfección completa con cloro, y la localidad permaneció bajo arresto durante todo el día (nuestro periódico tiene mensajes de voz de residentes en esa población – E. M.). Daudov pidió a todas las personas de Chechenia que hubieran asistido al funeral que informasen a las autoridades y se pusieran en aislamiento inmediatamente. En un primer momento, 100 personas respondieron a su llamamiento, pero esta cifra ascendió después a 400, y más tarde a 500... Resultó que habían asistido muchísimas personas a esa ceremonia fúnebre. Magomed Daudov expresó especial preocupación por las mujeres, que “según nuestra tradición, permanecieron cerca del difunto”, quizás dando a entender que el cadáver podría ser infeccioso.

 

Logramos entrevistar a algunas personas que asistieron al funeral. Sabiendo que las encontrarían de todos modos, informaron a las autoridades de su asistencia al velatorio (tyazet), pero nada ocurrió después. Nadie acudió a hacerles pruebas de COVID-19. Simplemente se les prohibió salir de sus casas mientras 2.000 agentes de policía controlaban a los ciudadanos y ciudadanas sometidos a “autoaislamiento”.

 

Es muy posible que el personal médico y epidemiológico no tuviera tiempo suficiente para llegar a todas las personas que asistieron al funeral. No obstante, los datos sobre los resultados de las pruebas de COVID-19 recopilados por el Servicio Federal de Vigilancia para la Protección de los Derechos del Consumidor y el Bienestar Humano (Rospotrebnadzor) ruso en Chechenia no indicaron incremento alguno en los días 8, 9 y 10 de abril. Desde que se comenzó a hacer pruebas en Chechenia para detectar el coronavirus, se les han practicado a un total de 2.952 personas, es decir, menos del 1% de la población de la república (1.456.951 habitantes a 1 de enero de 2020). En este aspecto, el caso de Chechenia no es muy distinto del de otras regiones rusas. Sin embargo, sigue habiendo una cosa que distingue a Chechenia:

 

el coronavirus ha paralizado a toda la población de la república, excepto a su máximo mandatario. Kadyrov no sólo celebra a diario reuniones con el Grupo de Trabajo encabezado formalmente por Magomed Daudov, sino que lleva una vida plena y activa. Viaja a las zonas más remotas de Chechenia, por ejemplo, para liberar en espacios naturales ejemplares de cabra montés criados en cautividad.

 

Mientras la población de Chechenia intenta salir adelante con la ayuda humanitaria distribuida por la Fundación Kadyrov, Ramzan Kadyrov celebra fiestas con barbacoa fuera de su residencia en plena montaña.

 

Mientras prohíbe que la gente rece y cierra las mezquitas, Kadyrov, junto con numerosos acompañantes, acude durante el día a su mezquita privada y ora con personas mayores en santuarios (ziyarats) de toda Chechenia por la noche.

 

Mientras se prohíbe a la gente salir de sus casas y poblaciones, Kadyrov circula en automóvil por las calles desiertas de Grozni. Se detiene a hablar con los policías que atrapan a infractores ocasionales y disfruta reprendiendo largo y tendido a quienes osan incumplir las normas de la cuarentena.

 

Se sigue llevando a su residencia a ciudadanos chechenos detenidos ilícitamente por comportamiento indebido.

 

La práctica de la detención ilícita, que incluye detenciones masivas, persiste en Chechenia pese a la nueva realidad del coronavirus. Y cada paso de Kadyrov —cada una de sus palabras— es documentada las 24 horas del día por un nutrido equipo de periodistas.

 

En una de las reuniones del Grupo de Trabajo sobre el Coronavirus, Kadyrov planteó la cuestión de que él sea la excepción: “La gente me escribe: ‘¿Por qué no respeta las normas [de la cuarentena]?’”. Y respondió con franqueza: “Nos hacen pruebas dos veces al día, por la mañana y por la noche, nos sometemos a revisiones, y [sólo] después de eso venimos aquí a reunirnos. Todos nos sometemos a pruebas”. Así pues, Kadyrov, los miembros de su Grupo de Trabajo sobre el Coronavirus, su destacamento de seguridad, sus familiares, sus periodistas y —podemos afirmar sin temor a equivocarnos— todas las personas con las que mantiene contacto a lo largo del día se someten regularmente a pruebas para detectar el coronavirus. Esto significa decenas de pruebas, por no decir centenares. Se supone que estas pruebas se incluyen en las estadísticas de Rospotrebnadzor sobre Chechenia. Sin embargo, sólo se hacen pruebas a entre 100 y 200 personas al día en Chechenia (cada persona se somete a dos pruebas), lo que plantea la siguiente pregunta: ¿hace Chechenia pruebas a alguien que no sea Kadyrov y su círculo?

 

Durante esta semana, contactamos con muchas personas chechenas encerradas en cuarentena. En todos los casos nos dijeron que se les había ordenado taxativamente que permanecieran en su casa durante dos semanas. Las entradas de sus propiedades o las puertas de sus apartamentos han sido literalmente selladas; dos policías vigilan por turnos cada domicilio. Ninguna de las personas a las que entrevistamos ha sido sometida a pruebas para detectar la COVID-19.

 

Además, personas sometidas a cuarentena o “autoaislamiento” forzoso dijeron que en modo alguno informarían por voluntad propia a las autoridades de fiebre, tos u otros síntomas.

 

La razón es simple: Kadyrov ha equiparado públicamente con terroristas a las personas infectadas con COVID-19 y ha pedido que se tomen medidas adecuadas contra ellas.

 

Magomed Daudov dijo durante su emisión en directo en Instagram: “Abdulla Garayev no tiene la más mínima conciencia. Envié a médicos con trajes de protección [a su pabellón] para que le entregasen el teléfono y le requerí que me dijera los nombres de las personas con las que había mantenido contacto. [...] A duras penas le hice confesar que un peregrino que había regresado del hach [Daudov dio su nombre – E. M.] los había visitado el 18 de marzo, y después enfermaron. [...] ¡[Garayev] no dio ningún otro nombre!” (la expresión facial de Daudov sugería que estaba muy enojado).

 

En vista de los escasos escrúpulos de Daudov a la hora de enviar a personal médico para interrogar a una persona enferma que apenas podía respirar con mascarilla de oxígeno, no cuesta mucho imaginar lo que las autoridades chechenas pueden hacerle a una persona sana. Por eso los hermanos Garayev, que estaban próximos a las autoridades, no informaron de su enfermedad y guardaron silencio incluso después de la muerte de uno de ellos.

 

La población chechena prefiere optar por el mal menor: la muerte por coronavirus.

 

Mientras la trágica historia de la familia Garayev se desarrollaba en Chechenia, los medios de comunicación chechenos y las agencias gubernamentales encargadas de hacer frente a la crisis enviaban mensajes optimistas a la comunidad. Durante toda la semana, el número oficial de casos de positivos en COVID-19 en Chechenia permaneció invariable y mostró únicamente 22 casos confirmados por los laboratorios federales. La información sobre las personas que habían arrojado resultados positivos en las pruebas iniciales desapareció de los nuevos informes oficiales. Esto podría deberse a la controversia entre Kadyrov y el primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, que criticó a las autoridades chechenas por el cierre injustificadamente riguroso de la frontera de Chechenia. Inmediatamente después de este conflicto, el ministro de Salud checheno, Suleimanov, comenzó a hablar de la “estabilización de la situación” en Chechenia.

 

El 7 de abril, el ministro Suleimanov dijo: “Aquí [en Chechenia], el número de nuevas pruebas con resultados positivos ha crecido a un ritmo más lento que en otros países o en otras otras regiones rusas. La estabilización de la situación se debe en gran parte a las medidas introducidas por el máximo mandatario de nuestra república, el héroe de la Federación Rusa, Ramzan Akhmatovich Kadyrov”.

 

El 8 de abril, cuando se diagnosticó COVID-19 a cuatro miembros de la familia Garayev y el quinto miembro de la familia, Ahmad Garayev, había muerto probablemente por coronavirus, el ministro de Salud de Chechenia, Elkhan Suleimanov, habló una vez más de la “estabilización de la situación”: “En los últimos días, hemos observado que el número de nuevos casos positivos de COVID-19 se ha estabilizado. Esto indica la eficacia de las medidas introducidas por el jefe de nuestra república, el héroe de la Federación Rusa, Ramzan Akhmatovich Kadyrov”.

 

El 9 de abril, cuando el número de miembros de la familia Garayev infectados ascendía a nueve y la cifra de personas de las que se tenía constancia de que habían asistido al funeral superaba las 500, el ministro Suleimanov dio las gracias al jefe de Chechenia, su madre y su hija por lo que estaban haciendo para proteger a la población chechena de la COVID-19. El ministro no dijo nada de los nuevos casos de coronavirus en Chechenia, ni instó a la población a buscar ayuda médica si presentaba síntomas de resfriado grave o gripe.

 

El 11 de abril, la inexorable realidad hizo desvanecerse el mito de la estabilidad cuando las estadísticas oficiales confirmaron 48 casos de coronavirus en Chechenia y tres muertes. El número total de personas que inicialmente dieron positivo tras someterse a pruebas ascendió a 75, incluidos 15 miembros de la familia Garayev y 13 asistentes al funeral (8 mujeres y 5 hombres).

 

Cuando el ministro de Salud Suleimanov presentó su informe diario en el noticiario de la noche del sábado, tuvo que admitir el aumento del número de casos positivos de COVID19 confirmados por las autoridades federales. Sin embargo, señaló que esto se debía principalmente a que la gente “incumple las medidas introducidas por el jefe de nuestra república, el héroe de la Federación Rusa, Ramzan Akhmatovich Kadyrov”. No mencionó el incremento de nuevos casos positivos en Chechenia ni la muerte de dos habitantes de Chechenia, Katashev y Mamayeva, que habían fallecido el mismo sábado.

 

En la siguiente información vespertina, Kadyrov y Suleimanov desearon “muchos años de vida” a Ramzan Katashev, que había muerto de coronavirus.*

 

Con colaboraciones de Magomed Aliev, en exclusiva para Novaya Gazeta.

 

 

 

* Durante la emisión en directo del noticiario del sábado, después del informe del ministro, los productores de Grozny TV emitieron el vídeo en Instagram de Kadyrov que se había grabado el día anterior, viernes.

En este vídeo, el ministro Suleimanov decía que el estado de Katashev, de 82 años, residente en Beno-Yurt, había mejorado. Kadyrov y Suleimanov desearon a Katashev una rápida recuperación y muchos años de vida.

Cuando se preparaba la edición del noticiario vespertino del 11 de abril para su publicación en las redes sociales, se detectó el absurdo. La edición del noticiario que se había difundido anteriormente, de dos horas de duración, fue compilada y editada de nuevo y su duración reducida a hora y media.

El ministro siguió sin mencionar las dos nuevas muertes, pero a su discurso se le agregó una infografía con estadísticas actualizadas que incluían la línea “muertos – 3 personas”. Así fue como se reflejaron en los noticiarios chechenos una de las noticias de más importancia del día. El vídeo de Kadyrov en Instagram también se editó.

 

Elena Milashina, redactora de proyectos especiales de Novaya Gazeta

 

 

 

 

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