INFORME ANUAL | Cuando la víctima es el periodismo: RSF presenta su Informe/Balance 2019

17.12.2019 21:48

 

 

Menos periodistas asesinados, más encarcelados y mayores riesgos para la cobertura informativa sobre el terreno o la investigación: el propio periodismo es la principal víctima. Son las principales conclusiones del Balance 2019 de Reporteros Sin Fronteras, el documento que ofrece las principales cifras del año para la profesión periodística a nivel mundial y que la organización presentó este 17 de diciembre en Madrid junto con el Informe Anual de la sección española, el análisis país por país de los principales acontecimientos del año. Ambos se encuentran disponibles en la web www.informeanualrsf.es

 

 

RSF expuso el Informe/Balance 2019 en la Asociación de la prensa de Madrid (APM), en un acto presentado por la periodista de la cadena SER Pepa Bueno que contó con las intervenciones del presidente de la Sección Española de Reporteros Sin Fronteras, Alfonso Armada, y de los presidentes de la APM, Juan Caño, y de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Nemesio Rodríguez.

 

 

 

Además, el periodista maltés Matthew Caruana Galizia, hijo de la periodista de investigación asesinada en 2017 Daphne Caruana Galizia; la periodista brasileña Elaíze Farias, cofundadora de la agencia de noticias medioambientales y sociales Amazonia Real, y la reportera de Informativos Telecinco en Cataluña Laila Jiménez ilustraron con sus testimonios personales los crecientes peligros que acechan hoy a géneros periodísticos imprescindibles: la investigación de la corrupción y los abusos contra el medio ambiente, o el reporterismo de calle.

 

 

“Hay muchas maneras de degradar el periodismo. La más terrible, sin duda, la que se lleva vidas por delante. La más persistente, la que pretende conseguir que seamos percibidos como irrelevantes por la sociedad. El líder y su pueblo hablan sin intermediarios. Los ataques permanentes a nuestra credibilidad caminan en ese sentido en todo el mundo”, aseguró en la apertura del acto la periodista Pepa Bueno (Hora 25, cadena SER), que actuaba como presentadora y moderadora.

 

 

“La primera impresión es que si este año han matado a menos periodistas es que algo va mejor en el mundo”, dijo Alfonso Armada al desvelar que en 2019 habían sido asesinados 49 periodistas, la cifra más baja desde 2003. El presidente de RSF España explicó que esta disminución se debe, por un lado, “a que los periodistas han aprendido a ser bastante más cautelosos a la hora de cubrir conflictos” pero sobre todo, a que “hay menos enviados especiales y menos corresponsales cubriendo conflictos, es decir, se presta menos atención y menos recursos a la realidad internacional” y lamentando que “la víctima es el propio periodismo”.

 

Armada destacó que “la inmensa mayoría de los periodistas muertos son periodistas locales”, que para RSF, son “los verdaderos héroes de nuestro tiempo, periodistas que mueren porque están cubriendo su propia realidad más cercana. Son las principales víctimas porque son los más vulnerables a las presiones, las extorsiones, a las amenazas y los asesinatos”. El presidente de Reporteros Sin Fronteras especificó que“América Latina sigue siendo el gran territorio de peligro e inestabilidad para cubrir la realidad”, y lamentó que el 90% de los crímenes contra periodistas permanezca en la impunidad.

 

 

“Hay menos muertos, pero más encarcelados”; prosiguió el presidente de RSF al exponer que el número de periodistas presos creció un 12% en 2019 respecto de 2018, y que alcanzó la cifra de 389. “Esto dice mucho de las estratagemas que sigue el poder, sobre todo el poder absoluto para silenciar a las voces críticas”, analizó Armada y apostilló que, aunque China es la mayor cárcel del mundo para periodistas y blogueros, “en democracias consolidadas hacer periodismo se está convirtiendo en algo muy complicado”, en referencia al acoso y agresiones a los periodistas que cubren las protestas callejeras que han estallado en todo el mundo este año, incluida España: “cubrir la realidad en Cataluña se ha convertido en un deporte de riesgo”.

 

 

“No tuvimos tiempo para llorar, para estar en casa juntos, tuvimos que movilizarnos enseguida”, contó Matthew Caruana Galizia, hijo de la periodista maltesa asesinada en 2017 Daphne Caruana Galizia, al explicar que la familia tuvo que hacer frente de forma casi inmediata a una enorme campaña de desinformación liderada por el primer ministro, Joseph Muscat. “El día siguiente al asesinato, el gobierno maltés empezó a decir a periodistas internacionales que a mi madre la mataron traficantes de aceite que venían de Libia y los periódicos internacionales comenzaron a publicarlo. Pero esa no era la verdad, mi madre no estaba investigando eso, así que empezamos inmediatamente a hablar con periodistas”.

 

Los familiares de Daphne Caruana Galizia han encontrado sus mayores apoyos en el Parlamento Europeo y el Consejo de Europa en su labor de esclarecer y pedir justicia para su madre. Matthew Caruana, que abandonó su trabajo como periodista para dedicarse por entero a esta causa denunció que “todavía hay total impunidad porque toda esa gente sigue libre. Los políticos corruptos que investigaba mi mamá siguen libres; aunque dos de ellos tuvieron que renunciar, todavía están libres”.

 

 

Al preguntarle Pepa Bueno cómo llegó Malta al estado de corrupción que el mundo descubrió con el asesinato de su madre, Matthew Caruana respondió que “el partido político de Joseph Muscat se convirtió hace años en un vehículo del crimen organizado que capturó todo el estado maltés […] era como una infección que llegó a cada institución del Estado. Hemos acabado con un estado mafioso” y concluyó diciendo que “en un país corrupto no puede existir la libertad de prensa”.

 

 

“Este año se ha hablado muchísimo de la Amazonía, de los incendios, se han visto las fotografías de los árboles quemándose, han venido un montón de periodistas nacionales e internacionales que querían ver y mostrar lo que estaba pasando, pero nadie se ha preocupado por lo que estaba pasando a los que estamos ahí, a los que vivimos y trabajamos ahí. Esa es la mirada que tiene el público, una mirada estereotipada”, aseguró la periodista brasileña Elaíze Farias, cofundadora de la agencia de periodismo Amazonia Real, medio iberoamericano ganador del Premio Rey de España de Periodismo 2019.

 

Farias desveló que en Brasil, “el gobierno de Bolsonaro está amenazando a los pueblos tradicionales de la Amazonía. Está amenazando a las culturas tradicionales y a los indígenas. Utiliza una retórica muy agresiva e incluso moviliza en contra de los periodistas que estamos allí trabajando para defender aquello”.

 

 

Periodista local, trabajando en zonas codiciadas, y especializada en periodismo social y medioambiental, Elaíze Farias ha sufrido intimidaciones, igual que sus colegas. “Somos conscientes de los riesgos a los que nos enfrentamos y por eso prevenimos. La Amazonía es una región muy vasta, siempre viajamos acompañados y vamos siempre adelantando los riesgos que ya conocemos”.

 

 

La reportera Laila Jiménez, que forma parte de la redacción de Telecinco en Cataluña, fue protagonista involuntaria de la noticia en 2019. La imagen de los manifestantes acosándola, gritándole y derramándole encima un refresco en plena cobertura puso de relieve las incontables agresiones e intimidaciones que sufrieron los periodistas que cubren las protestas que estallaron en todo el mundo.

 

Al preguntarle cómo se llegó a esa situación en Cataluña, Jiménez opinó que “esto pasó en el momento en el que todos aceptamos -el ciudadano, el señor que está en la calle, la sociedad, nosotros mismos, los periodistas-, que cualquiera en la calle puede acercarse a insultarte, creyendo que es una opinión. Vienen a gritar ‘manipuladora’, entre otras cosas, amparándose en la libertad de opinión”, y precisó que “de ‘manipulación’ se llega al insulto personal, y todo esto no se entiende como una agresión, ese es el principal de los problemas, que gritarte a dos palmos escasos de tu cara no sea una agresión, sino su capacidad para poder decir que algo no le gusta”.

 

 

 

Según el testimonio de Laila Jiménez, este tipo de situaciones se producen constantemente y condiciona la mecánica de trabajo de los periodistas que cubren las manifestaciones, ya que en vez de estar lo más cerca posible de los manifestantes, se ven obligados a “dejar la calle”, a evitar interferencias y agresiones. “Desde hace cuatro o cinco meses llevo un chaleco de prensa en mi mochila y un casco para hacer todas las manifestaciones”, confesó la reportera de Telecinco.

 

 

      

  

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