CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2019 | Europa del Este y Asia Central: Un descarrío generalizado y algunos rayos de esperanza

18.04.2019 05:54

 

La zona de Europa del Este y Asia Central sigue siendo la penúltima en la Clasificación Mundial, a pesar de que se registraron cambios positivos en algunos países. Los gobiernos de Rusia y de Turquía siguen dando el mal ejemplo y los peores déspotas de la región continúan su huida hacia adelante. Sin embargo, el ascenso de algunos Estados muestra que siempre es posible superar las condiciones más difíciles.

 

La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2019 de Reporteros Sin Fronteras (RSF) registró una mayor volatilidad en la zona de Europa del Este y Asia Central, aunque esto no tiene nada que ver con dos pesos pesados en el escenario internacional: Rusia y Turquía, que siguen siendo laboratorios de represión. En Turquía (157º), un holding cercano al gobierno compró el mayor grupo de prensa turco, a la vez que se sigue estrechando el cerco en torno a las últimas publicaciones críticas. Turquía es la mayor cárcel del mundo para los profesionales de los medios de comunicación: se recurre de forma sistemática a la prisión preventiva y los periodistas pueden ser sentenciados hasta a cadena perpetua. El representante de RSF en Turquía, Erol Önderoğlu, está acusado de hacer “propaganda terrorista” por haber defendido a un diario kurdo. Además, no contentas con bloquear miles de textos cada año y con encarcelar a internautas por un simple “like”, las autoridades ahora buscan tomar el control de los servicios de video online.

 

Corrupción: investigaciones de alto riesgo

 

Turquía también es el único país del mundo en el que se juzgó a un periodista por haber participado en la investigación de los “Papeles del Paraíso” (Paradise Papers): la reportera Pelin Ünker fue condenada en primera instancia a 13 meses de prisión y a pagar una elevada multa. Una muestra, entre otras, de la persecución al periodismo de investigación, al que el gobierno turco califica de “destructor” y “antipatriótico”. Uno de los principales temas tabú es la corrupción, sobre todo desde un escándalo que hizo tambalearse al gobierno de Recep Tayyip Erdoğan en 2013.

 

El periodismo de investigación es también la pesadilla de una buena parte de los países de la antigua Unión Soviética, en los que la corrupción es un problema mayor desde hace tiempo. La mayoría de los periodistas encarcelados en Rusia y en Azerbaiyán cubría este asunto, peligroso de abordar. En Tayikistán el experiodista Khaïrullo Mirsaïdov fue detenido después de que diera a conocer las presuntas malversaciones cometidas por altos funcionarios. En Kazajistán, las autoridades registraron las redacciones de dos medios de comunicación que hasta entonces se habían mantenido a salvo de estas medidas. En Ucrania, por investigaciones similares, las autoridades pusieron bajo vigilancia a periodistas de investigación o los obligaron a cooperar con ellas y a revelar sus fuentes informativas.

 

Cortar el acceso a Internet ya no es una línea roja

 

Rusia (149º), situada en una zona de la Clasificación donde ganar posiciones es muy preciado, baja una posición debido a que el gobierno ejerce aún mayores presiones en los medios de comunicación independientes: una avalancha de leyes liberticidas, detenciones y registros arbitrarios, impunidad y violencia policial. El cuarto mandato de Vladimir Putin comienza con malos augurios. Al intentar bloquear el sistema de mensajería cifrada Telegram, a pesar de los graves daños colaterales que esto implica, el gobierno ruso muestra su determinación para alcanzar su objetivo de imponer un “internet soberano”. Al superar los obstáculos técnicos, el Kremlin ha incrementado su control de la Red, la principal fuente de información de una juventud que escapa cada vez más a la propaganda televisiva: las autoridades censuran los motores de búsqueda, bloquean herramientas para evadir la censura y obligan a las plataformas a cooperar con el Servicio Federal de Seguridad (FSB, agencia de espionaje).

 

La censura de Internet, conceptualizada por Moscú, se generaliza. En tal grado, que para los regímenes autoritarios de la región lo mínimo es bloquear las webs informativas críticas. En sintonía con la tendencia mundial, las autoridades de Tayikistán, Kazajistán e Ingusetia, no dudan en interrumpir puntualmente el acceso a internet móvil, las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea, para contener las manifestaciones y reducir su cobertura periodística.

 

Transiciones políticas que afectan la libertad de la prensa

 

En una región en la que todo está paralizado, algunos países han experimentado grandes cambios, pero son tan pocos que no es fácil observarlo, sobre todo porque se trata de ascensos en la Clasificación. Uzbekistán (160º, +5) deja de formar parte de la zona “negra” del mapa, donde se encuentran los países con peor situación en términos de libertad de prensa. Tras la muerte del dictador Islam Karimov (en2016), comenzó el deshielo: los periodistas que estaban encarcelados quedaron en libertad y algunos medios de comunicación ya se atreven a abordar temas delicados. Sin embargo, aún queda mucho por hacer para acabar con la censura y la autocensura que reinan en el país desde hace mucho tiempo.

 

Otros ascensos significativos son los de Armenia (61º, +19) y Kirguistán (83º, +15), que se encontraban en una zona muy volátil de la Clasificación. En el caso de Armenia, los nuevos medios de comunicación y las redes sociales dieron amplia difusión a la “Revolución de Terciopelo”, que permitió reducir el control que ejercía el gobierno en el servicio audiovisual público. En Kirguistán, el expresidente, Almazbek Atambáyev, y su sucesor, Sooronbay Jeenbekov, abandonaron sus demandas judiciales contra los periodistas críticos, lo que puso fin a las indemnizaciones estratosféricas por daños y perjuicios. Esto permite que el país pase página tras una secuencia electoral que tuvo grandes repercusiones en los medios de comunicación. Sin embargo, hasta que no se realice una reforma legislativa definitiva, los periodistas estarán a la merced de los vaivenes políticos.

 

Ante la cercanía de importantes comicios en 2019, se ha acentuado la polarización en Ucrania (102º, -1) y Moldavia (91º, -10). Esto ha deteriorado el ambiente en que trabajan los periodistas. Han proliferado los intentos de manipulación y se ha puesto de manifiesto el peso de los oligarcas en los grandes medios de comunicación. Tensiones que explican ampliamente que estos dos países hayan descendido en la Clasificación.

 

El último mundo: el triste desempeño de Turkmenistán

 

Más de la mitad de los países de esta región se sitúan cerca del puesto 150 de la Clasificación o en una posición inferior. Por si fuera poco, la situación de aquellos que se encuentran en los últimos lugares no deja de empeorar.

 

Turkmenistán(180º, -2) ocupa el último lugar en la Clasificación, justo por debajo de Corea del Norte y de Eritrea. Este triste desempeño es resultado de varios años de endurecimiento, en los que las autoridades han perseguido sin cesar a los últimos corresponsales de medios de comunicación exiliados que aún trabajaban en el país de forma clandestina.

 

En el caso opuesto al deshielo que vive Uzbekistán, se encuentra Tayikistán (161º, -12), que se acerca peligrosamente a la zona “negra” de la Clasificación. La mayoría de los medios de comunicación independientes se han visto obligados a cerrar o a exiliarse; los pocos que quedan intentan resistir al bloqueo de sus sitios web y a las presiones constantes del gobierno encaminadas a que se autocensuren, lo que hace de Tayikistán el segundo país peor clasificado de Asia Central.

 

Al otro lado del mar Caspio, el gobierno de Azerbaiyán (166º, -3) sigue persiguiendo a las últimas voces críticas. La represión también se ha endurecido en Bielorrusia (153º), donde las autoridades han impuesto casi un centenar de multas a periodistas bielorrusos que trabajan como corresponsales de medios de comunicación en el exilio, han bloqueado portales informativos de referencia, intimidado a publicaciones independientes que hasta ahora se mantenían a salvo y han endurecido la legislación. Es paradójico que este país ascienda en la Clasificación. Esto se explica porque se registraron menos detenciones respecto a 2017 y por el deterioro de la situación en el resto del mundo.

 

      

  

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