CLASIFICACIÓN MUNDIAL 2016 de la Libertad de Prensa | La paranoia de los dirigentes frente a los periodistas

20.04.2016 09:30

 

 

Reporteros Sin Fronteras (RSF) publica la edición 2016 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa. La evolución global muestra un clima de miedo generalizado y de tensiones, que se suma a una creciente influencia de los Estados y de los intereses privados en las redacciones.

 

La edición 2016 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa revela la intensidad de las acometidas de los Estados, de ciertas ideologías y de intereses privados contra la libertad y la independencia del periodismo.

 

Esta lista –una referencia en todo el mundo– muestra las posiciones que ocupan 180 países  según el margen de acción de sus periodistas. Al observar los índices regionales, encontramos que Europa (19,8 puntos) sigue siendo la zona en la que los medios de comunicación cuentan con mayor libertad, seguida –a gran distancia– por África (36,9)- con excepción del Norte- que, hecho inédito, pasa por delante de América (37,1), debido a que América Latina se encuentra sumergida  en una creciente violencia contra los periodistas. Siguen las zonas de Asia (43,8), Europa del Este y Asia Central (48,4). Al final se encuentra Oriente Medio y el Norte de África (50,8), que sigue siendo la región del mundo donde los periodistas enfrentan más vicisitudes y de todo tipo.

 

Tres países del Norte de Europa se sitúan a la cabeza de la Clasificación: Finlandia (en primer lugar desde 2010), los Países Bajos (2º, que gana 2 posiciones) y Noruega (3º, que baja un puesto).

 

España baja una posición respecto de 2015 y ocupa en 2016 el puesto 34, un descenso leve si se tiene en cuenta que durante el año pasado se dieron cambios legislativos ampliamente denunciados por la Sección Española de RSF, que los consideró un revés para las libertades: la Ley de Seguridad Ciudadana o “Ley Mordaza”, la modificación de la Ley de Enjuiciamiento  Criminal, y la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que amparaba la justicia universal.

 

Que la posición de España sólo haya bajado un escalón en la tabla se explica, entre otras causas, por el deterioro general de la libertad de prensa en todo el mundo, que afecta también a los países que ocupan las primeras posiciones. Francia (44º, -7) o Reino Unido (38, -4), que ocupaban posiciones aledañas en ediciones precedentes, han sufrido caídas más pronunciadas. La ferocidad de la lucha antiterrorista golpea directamente al corazón de la libertad.

 

ASCENSOS Y DESCENSOS NOTORIOS

 

En lo que respecta a las evoluciones más notables, encontramos el caso de Túnez (96º, +30), cuya situación mejora porque disminuyeron las agresiones y los procesos legales contra periodistas, así como el de Ucrania (107º, +22), que asciende en la Clasificación gracias a una relativa calma en el conflicto.

 

En el caso opuesto encontramos a Polonia (47º, -29), cuya fuerte caída se debe a que el partido ultraconservador ha retomado el control de los medios de comunicación. Mucho más abajo se encuentra Tayikistán, que sufre una gran caída a causa de los excesos autoritarios del régimen (150º, -34). El Sultanato de Brunei también registra un retroceso espectacular (155º, -34), imputable a la instauración de la sharia y a las acusaciones de blasfemia, que dan lugar a una fuerte autocensura. Burundi se hunde (156º, -11) debido a que fue escenario de actos de violencia contra periodistas tras la cuestionada candidatura y, más tarde, reelección, del presidente Pierre Nkurunziza. En la parte más baja de la Clasificación se encuentra el trío infernal, conformado por Turkmenistán (178º), Corea del Norte (179º) y Eritrea (180º).

 

“Lamentablemente, es un hecho notorio que numerosos dirigentes en el mundo han desarrollado una especie de paranoia frente al ejercicio legítimo del periodismo", señala Christophe Deloire, Secretario General de Reporteros Sin Fronteras. "El clima general de miedo acarrea un odio creciente al debate y al pluralismo, un bloqueo de los medios de comunicación por parte de gobiernos en plenos excesos autoritarios y liberticidas, así como una influencia creciente de los intereses particulares en la información, en el sector privado. Es esencial defender el periodismo digno de ese nombre frente al incremento de la propaganda y de la información dictada o patrocinada por intereses particulares. Garantizar el derecho de los ciudadanos a una información independiente y fiable es una de las soluciones a los problemas locales y globales que enfrentamos”, añade.

 

La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, que RSF publica cada año desde 2002, es una referencia esencial, basada en el principio de emulación entre Estados. Su prestigio le ha permitido adquirir una influencia cada vez mayor ante los medios de comunicación, las autoridades públicas de los Estados y las organizaciones internacionales.

 

La Clasificación se sustenta en una evaluación de la situación de la libertad de prensa, basada en la valoración del pluralismo, de la independencia de los medios de comunicación, de la calidad del marco legal y de la seguridad de los periodistas en 180 países. Se elabora mediante  un cuestionario traducido a veinte lenguas y enviado a expertos de todo el mundo. A este análisis cualitativo se suma un registro cuantitativo de las agresiones contra periodistas en el periodo estudiado.

 

La Clasificación no es un indicador de la calidad de la producción periodística ni un palmarés de las políticas públicas, ni siquiera cuando los gobiernos tienen una gran responsabilidad en la situación.